Estuve en las jornadas de Doma India que se realizaron el fin de semana pasado. (8 y 9 de marzo 2025). En el campo de "La Morita" pensionado equino y centro de doma ubicado en la localidad de Manzanares (provincia de Bs As).
El motivo principal de mi asistencia tiene que ver con que estaban
presentes todos los domadores de la tribu y tenía interés en reencontrarme con
los que conozco de hace mucho, Oscar y Cristóbal, y conocer personalmente a los
más jóvenes.
Esto merece una explicación. Me siento muy identificado con ellos. De
alguna manera soy su alumno. En realidad, no directamente, pero el primero que
me trajo, ya hace muchos años, las ideas de la Doma India fue Juan Martín
Liceaga, que es un discípulo puntilloso de su método.
Con Juan Martín hicimos los primeros cursos de Doma en Ruca Cahuelo. En
el archivo del blog encontraran publicaciones de aquellos años. De aquellas
experiencias creo que el principal beneficiado fui yo. La propuesta me rompió
la cabeza.
A mí me gustaban los caballos desde chico, pero en ese momento me di
cuenta que estaba equivocado acerca de cómo son, y más importante, de cómo hay
que tratarlos.
En esa época también hice un curso con Oscar y Cristóbal, recuerdo que
fue en Los Toldos hace ya 15 años.
Después leí varios libros, asistí a bastantes cursos y pasaron muchos
caballos. Hoy no estoy de acuerdo en todo lo que ellos proponen, aunque
seguramente en el núcleo central de la manera de tratar a los caballos hay
plena coincidencia.
Y, sobre todo, me pasó cuando leí el libro de Oscar, y lo sentí
nuevamente estos días, compartimos una energía vibrante que viene de la tierra,
pasa por los caballos y nos une en esa manera de sentir una paz que nos
hermana.
La actividad fue muy rica, Se trabajaron tres potros distintos, y todos
los domadores pudieron hacer su parte. Oscar a los 76 años sigue mostrando la
flexibilidad y el estado físico que siempre lo caracterizó y sobre todo el
entusiasmo por lo que hace y piensa seguir haciendo. Repitió varias veces que
piensa seguir domando hasta los 86. Matizado con un poco de filosofía y el
humor un poco ácido que desde que lo conozco lo acompaña.
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Oscar siempre con el mismo entusiasmo por lo que hace, logra conversar con los potros. |
Cristo, siempre pensante, con otra impronta, explicando las razones profundas de lo que hace. Con una energía calma que les trasmite a los potros. Y una humildad destacable para reconocer sus errores.
Muy entusiasmado con su próxima participación en el Horses
on the Road en Texas y
cortando ancho en su visión de las posibilidades de Argentina en el mundo de
los caballos para los próximos años; dónde la doma sin violencia y el manejo
natural de los caballos a campo ocuparan un lugar de privilegio.
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Painé y Cristobal, hermanos con diferentes edades, herederos de una misma tradición. |
Painé, con su experiencia domando para el polo, haciendo su camino lejos
de la familia de origen se mostró seguro y convencido de lo que hace. Algo
áspero para dar sus explicaciones, pero eso no quita lo certero de las mismas.
Pincén es el más chico, 19 años, es la dulzura y la felicidad domando.
Una permanente sonrisa y por lo tanto eso se trasmite a los caballos. Las
explicaciones de lo que hace se las dejó a Oscar, creo que no le conocimos la
voz, pero no por eso dejó de ser muy bueno lo que le vimos hacer.
Un párrafo aparte merece Flor Mores Scarpati, la compañera de vida de Cristóbal.
Yo no la conocía personalmente ni la había visto trabajar; sólo algún video
subido a la red.
Me impresionó, es muy linda su manera de trabajar. Físicamente es
chiquita, y es plenamente consciente de eso, pero encuentra la manera de que no
sea una limitante para su tarea.
Con mucha humildad, pero mucha firmeza va desarrollando su tarea en el
corral, y explicando para todos lo que va haciendo. Eso sí, debiera hablar un
poco más alto o usar un micrófono corbatero, porque hay que hacer un esfuerzo
para escucharla.
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Flor aporta sus cualidades de domadora y su toque femenino a la Tribu |
Los Scarpati, cada uno con su impronta, la que comentamos más arriba, no
deja de estar cortados todos con la misma tijera. Ella es distinta, no sé si
por su condición de mujer, o por su infancia en el centro árido de la provincia
de La Pampa, donde estuvo con los caballos desde niña. Seguramente será un poco
de cada cosa, pero termina en un resultado destacable. El método es el mismo
que usan su marido y sus cuñados; pero ella tiene un modo diferente de
ejecutarlo.
Párrafo aparte para las dueñas de casa, Romina y Mora, que estuvieron
siempre atentas para que el lugar aporte a la comodidad de todos, organizando
el estacionamiento entre el barro por la lluvia de la noche anterior,
acomodando bancos alrededor del corral, ocupándose de que haya agua caliente
para el mate y así en cada detalle.
Un verdadero placer verlos tratar con los caballos a todos ellos, más
allá de la técnica, lo que trasmiten como vínculo con los caballos emociona,
hay un respeto y una paz que se siente en el aire. Fueron dos días intensos y
quedaron ganas de seguir mirándolos trabajar.
Algunas frases que me quedaron como resumen de las jornadas:
Domar jugando, Si logramos jugar mientras domamos, todo fluirá más
fácilmente.
Que el potro no sufra lo que hacemos. Si hay momentos que no la pasa
bien, al menos que no sufra.
Se debe establecer un vínculo con el potro, que es personal y único,
para eso es importante que la energía que trasmite el humano sea aquella que le
de tranquilidad al caballo.
También hubo otras, con las que no estoy tan de acuerdo, pero eso en
todo caso será motivo de otra publicación.
En resumen, fueron dos días donde nos empachamos de potros y domadores,
pero sobretodo la pasamos bien. Hubo en el aire una energía sanadora que en
todo momento nos hizo recordar que gracias a los caballos somos mejores
personas y un poco más felices.